sábado, 4 de septiembre de 2010

CIVILIZACIÓN Y CATÁSTROFE

Nuestro planeta se encuentra en perpetua mutación, pese a lo cual los humanos lo percibimos como un sistema inmutable. Preferimos ignorar que inevitablemente las condiciones que permiten nuestro actual modo de vida son sólo pasajeras. La tierra tendrá otra Era del Hielo y lo que llamamos “tierra firme” se seguirá moviendo, a ratos con mucha fuerza. Nuestra psiquis funciona mejor si construimos nuestra vida en torno a la estabilidad.

En este contexto cabe preguntarse si el comportamiento más violento de la naturaleza siempre ha desembocado en catástrofes capaces de afectar seriamente el rumbo de la sociedad, algo que estuvo cerca de pasar en las regiones de nuestro país más afectadas por el reciente terremoto y maremoto. Ciertamente que hay algunos hechos naturales que nos afectarían a todos por igual, como los mediáticamente llamados Eventos de Nivel de Extinción, pero la historia demuestra que a lo largo del tiempo las sociedades humanas han sufrido de distinta manera poderosos embates de la naturaleza. En algunos casos han producido una completa desarticulación de la sociedad y, en otros, no ha tenido mayores consecuencias.

Todo parece indicar, por ejemplo, que para los Moche, un poderoso Estado teocrático que durante los primeros siglos de nuestra Era gobernaba una buena parte de la costa norte del Perú, algunos años de un clima dominado por la corriente del Niño, con las consecuentes inundaciones que destruyeron sus campos y sistemas de regadío, llevaron a la caída de su elite gobernante, del orden social por ella impuesto y de la ideología en ese momento imperante. No obstante, los mismos eventos aparentemente no modificaron sustancialmente el orden social de los ancestros de los Changos que poblaban la costa norte de Chile en ese mismo momento, pese a que probablemente los cambios en la disponibilidad de peces y mariscos producto de El Niño seguramente los obligó a cambiar sus estrategias de caza y recolección de estos recursos marinos, base de su subsistencia.

Pareciera entonces que existiría alguna relación entre la complejidad de las sociedades y su capacidad de resistir los embates de la naturaleza. En un mundo pre estatal, donde la sociedad se organizaba localmente, la mayor parte de los recursos eran obtenidos directamente de la naturaleza, casi no existía especialización productiva y muy pocos individuos estaban dedicados a actividades no directamente económicas, terremotos, sequias o inundaciones, si bien probablemente afectarían el curso cotidiano de la vida, muy improbablemente serian capaces de destruir el orden social. No obstante, en sociedad más compleja, como las estatales, donde la organización social es jerarquizada y centralizada, existe una alta especialización productiva y clases sociales enteras no son directamente productivas, basta que se corte uno de los eslabones para que todo el sistema colapse. En el caso del reciente terremoto que afecto a nuestro país, muy probablemente el caos social que se vivió por instantes seguramente en parte se debió a la caída de los sistemas de información centralizados y a la consecuente falta de dirección y control por parte del estado; una situación donde las comunidades locales carecieron de poder social y los individuos actuaron por su cuenta.

Cabe, por último, preguntarse si es posible aprender algo de esta situación. Obviamente, el sólo tamaño de la población actual hace imposible pensar en volver a sistemas de organización social pre estatales, sin embargo sí es posible recoger algunos elementos de ellas que nos preparen mejor para enfrentar la próxima catástrofe. Seguramente que mejorar y potenciar los sistemas de organización local podría brinda una base para que cada comunidad este más preparada para enfrentar eventos catastróficos y reconstruir rápidamente su cotidianidad. Lo mismo ocurriría si las autoridades locales, especialmente municipales y policiales, tuvieran un mayor arraigo local, para convertirse en referentes legitimados frente a una crisis.

domingo, 27 de junio de 2010

ZOMBIS EN SANTIAGO

Era el viernes 25 de junio de 2010. Al finalizar ese día de trabajo salí de mi oficina camino a casa. Rápidamente me di cuenta que algo extraño pasaba, se olía algo extraño en el aire y se escuchaba un gran estruendo. A medida que caminaba hacia la estación del Metro me crucé con los primeros de ellos. Corrían desaforados sin una dirección precisa, emitían sonidos guturales y en algunos casos se abalanzaban sobre carteles, autos u cualquier otro objeto. En un principio pensé que se trataba de algunos ebrios que huían de la policía.

Al rato, no obstante, fue evidente que no era eso. Las calles estaban llenas de basura y restos de objetos. En algunas esquinas había grupos de policía agazapados, pero no estaban intentando contener lo que estaba pasando. Me di cuenta que la cosa era grave cuando llego un grupo de ellos y se abalanzó sobre dos chicas que caminaban en la acera del frente y se pusieron a saltar en torno a ellas emitiendo gruñidos y una especie de canticos incomprensibles. Cuando pensaba que alguien debiera hacer algo por esas chicas, el grupo las dejo y corrió en otra dirección.

Rápidamente me metí en la estación del Metro con el fin de escapar del Centro de la ciudad, que en ese momento pensé que sería el sector más afectado. Sin embargo no era así. En las pantallas de video que había en la estación del metro, vi que lo mismo estaba ocurriendo en todo el país. De hecho al llegar a la próxima estación, se subió en mi carro un grupo de ellos. En ese momento los comencé a mirar con detalle, tenían la cara trastornada, con los ojos desorbitados y cubiertos de sudor. Junto con ellos subió un fuerte olor urticante, que claramente indicaba que habían escapado de un intento de la policía por controlarlos. Afortunadamente, el movimiento del carro pareció calmarlos y sólo de vez en cuando emitían algunos ruidos. Eran hombres y mujeres de todas las edades y de todas las condiciones sociales.

Cuando por fin salí del Metro, me percaté que el caos reinante en la cuidad había interrumpido el servicio de buses comencé a caminar hacia mi casa. Sin darme cuenta de pronto me vi envuelto por una de estas turbas que avanzaba calle arriba. Sin embargo, logré pasar desapercibido y sólo se limitaron a saltar, gritar o provocar pequeños destrozos. Al llegar a una bocacalle, tuve la pista definitiva de que es lo que ocurría; un perro se les acerco labrándoles y gruñendo sin razón evidente. Esto indicaba una sola cosa posible, se trataba de zombis. Los no-muertos se habían apoderado de la ciudad.

Más adelante se sabría que todo se debía a un experimento secreto del gobierno que se había salido de control, cuyo nombre en código era Marea Roja. Un programa de control mental que por medio de la TV pretendía hacer más dóciles a los ciudadanos, pero resultó destruyendo la mayor parte de la sinapsis de una parte importante de la población. Se intentó convocar a algunos científicos para tratar de controlar la situación, pero ya era tarde. El contagio se había extendido en Universidades y Centros de Investigación.

El año 2010 comenzó la primera oleada, el futuro es incierto.


Luis E. cornejo. B.

jueves, 29 de abril de 2010

COMUNA DE PROVIDENCIA: LA ESPERANZA BLANCA

La cultura visual, ya sea la tapa de un libro, los diseños de la ropa o una pintura, nos habla de la ideología de quienes la produjeron. Seleccionar que color utilizar, los diseños aplicados o el gesto de quienes son representados no es una acto arbitrario, sino que una opción guiada por la forma ver el mundo de quien construye dicha obra.

Recientemente, en la ciudad de Santiago he visto perplejos como el anterior enunciado se hace más evidente que nunca. En el territorio de la Comuna de Providencia se ha desplegado una campaña municipal de promoción de la comuna, bajo el lema “Me encanta Providencia”, la que aparece en paletas iluminadas junto a paraderos de microbuses y en diversos lugares estratégicos. Este lema está acompañado con una foto de gran tamaño de una persona que presenta una relajada sonrisa, sobre un fondo blanco que trasmite mucha luz.

En principio esta propaganda no me pareció nada especial, pero al cruzarme con ella en varias calles de esta comuna por donde transito, de pronto emergió un patrón en la selección de las personas utilizadas en las fotos, el cual se puede demostrar por las cosas que dichas personas no son o no tienen:

1) Ninguna tiene la piel morena
2) Ninguna tiene rasgos indígena, africanos, árabes o de cualquier otro grupo racial distinto al europeo
3) Ninguno es crespo
4) Ninguno de los hombres presenta barba

Este patrón, por medio de las personas elegidas, normalmente conocidas dentro de la industria de la publicidad como “modelos”, precisamente trasunta cual es el “modelo” de persona que la Municipalidad de esta comuna define como su ideario de habitante. Pecando de ingenuo, es muy probable que cuando la empresa publicitaria mostró a las autoridades edilicias esta propaganda, a los funcionarios no les pareció extraño que las características arriba reseñadas no estuvieran presentes. En su imaginario únicamente ser blanco de aspecto europeo es aceptable para representar a la población de esta comuna.

La cultura visual es inevitablemente un acto político, un medio de trasmitir un ideario de sociedad y establecer los límites de lo aceptable. De este modo, parece que las autoridades de Providencia revelan un pensamiento racista, tratando simbólicamente de establecer un territorio idealmente “blanco”, en el medio de una ciudad mestiza y morena.


Luis E. Cornejo B.

jueves, 7 de enero de 2010

Impacto del Rally Dakar en Chile

CARTA PUBLICADA POR EL DIARIO ELECTRONICO EL MOSTRADOR
(http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/01/06/el-negativo-impacto-del-dakar-en-el-desierto-chileno/)



Sr. Director:

A pesar del paso del tiempo, las particulares condiciones del Norte Grande han permitido la conservación de significativas evidencias de las ocupaciones humanas que allí se han desarrollado durante más de 10.000 años, tales como las momias chinchorros, aldeas, cementerios, talleres líticos y los restos salitreros.
Entre estas están las huellas troperas: surcos que dejaron en tiempos prehispánicos las caravanas de llamas que conectaron por miles de años los distintos espacios poblados de la zona y durante los siglos XIX y XX, las carretas tiradas por mulas que hicieron posible el funcionamiento de las oficinas salitreras y otros emprendimientos mineros.

Hoy estamos ad portas de que una nueva huella quede marcada, quizás por siglos o milenios, en el desierto.

Pero no será una huella que ayude a comprender como se conectaron los pescadores y recolectores de la costa con los agricultores del Loa y el Salar de Atacama hace 1.500 años o que sea el reflejo de las actividades mineras pretéritas, que generaron un autentico “Paisaje Cultural” hoy reconocido como “patrimonio de la humanidad”.
Durante este mes de enero se desarrollara la etapa chilena del Dakar 2010, una competencia de marcas que recorrerá cientos de kilómetros del desierto, y que, a pesar de los esfuerzos del Consejo de Monumentos Nacionales, impactará evidencias arqueológicas únicas, generadas por nuestros antepasados que habitaron en el espacio más árido del mundo.

La promoción turística de Chile, justificación central para autorizar la competencia, se contrapone con el hecho de que los lugares de Chile más visitados por extranjeros son zonas con ambientes lo más prístinos posibles y ricos en evidencias arqueológicas, sin mucha actividad humana actual.

Por ello consideramos absolutamente injustificada la destrucción del frágil ambiente
desértico y del patrimonio cultural que éste alberga para que Chile aparezca un micro segundo en las cadenas televisivas del mundo y para que algunas empresas obtengan jugosas ganancias

Como Colegio de Arqueólogos de Chile A.G., hacemos un llamado de atención a nuestras autoridades para que no permitan que se genere sin razón una nueva cicatriz en el rostro de nuestro desierto y se destruya nuestro patrimonio cultural.

Daniel Pavlovic, presidente del Colegio de Arqueólogos de Chile A.G.

sábado, 26 de septiembre de 2009

DEBATE PRESIDENCIAL Y LA LEGITIMIDAD DEL PODER

El poder de las autoridades a través de la historia se ha constituido en base a dos ejercicios distintos. Por un lado está su capacidad de ejercer represión sobre quienes viven dentro del territorio que reclaman como parte de su dominio. Esto quiere decir que si vives en un territorio determinado, los que ostentan la autoridad tiene la capacidad de obligarte a aceptar su dominio. Esto se ha logrado por el ejercicio de la fuerza y la coerción. Si yo vivo en Chile debo aceptar el derecho de las autoridades constituidas o si no terminó en la cárcel. No obstante, junto con este poder represivo, las autoridades siempre han necesitado legitimar ideológicamente su dominio y así intentar mantener la lealtad y aceptación de los gobernados. Esto deriva del hecho que gobernar por el sólo ejercicio de la represión no produce estabilidad y garantiza que surjan fuerzas que busquen liberarse de dicha represión.

En este proceso ideológico -esto quiere decir en términos simples un sistema de ideas que intenta hacer parecer “natural” a algo que es esencialmente arbitrario- se ha recurrido al derecho por descendencia, por ejemplo de una figura totémica fundador del linaje, grupo o nación, el derecho por tener una vinculación especial con lo divino en contraposición de la mayoría que no tiene esa facilidad o, más recientemente, aducir ser quienes tienen el real conocimiento de que lo la sociedad necesita para progresar. Hoy en Chile, como en buena parte del mundo occidental, este legitimación proviene de la ideología que las autoridades representan la soberanía popular por medio de Democracia Representativa, razón por la cual todos debemos aceptar el dominio establecido por quienes resulten electos.

El sostenimiento de la ideología dominante requiere de ritos que deben ser desarrollados por los gobernantes periódicamente. Estos deben ser eficientes en mantener a los gobernados convencidos que las ideas acerca del poder son plausibles y, por lo tanto, dispuestos a acatar la situación política existente. A través de la historia estos ritos han incluido sacrificios, fiestas o desfiles militares, pero en el contexto contemporáneo esta ritualidad se ha concentrado en las posibilidades que ofrecen los medios audiovisuales para que la clase política construya un discurso coherente para los gobernados.

Dada esta situación, cabe preguntarse si hoy en Chile la ideología de la democracia representativa es realmente eficiente en legitimar el poder, es decir si el acto democrático se puede apreciar como realmente representativo (esto no quiere decir que sea realmente representativo), cosa que creo que entro en un camino de descredito muy claramente destacado en el primer Debate Presidencial trasmitido por la Televisión Nacional. Es un lugar común decir que la “política se ha alejado de la gente”, pero más allá del cliché es evidente que la actual elite política ha dejado de realizar de manera correcta los ritos comunicacionales y cada vez la gente cree menos en la posibilidad de ser representado. Solo basta ver la edad del padrón electoral para darse cuenta de esto.

Obviamente, si una ideología política deja de ser efectiva, la forma de poder que sustenta será remplazada por otra. De hecho, es América Latina ya has varios casos en que la ideología de la democracia representativa han caído en descredito y lo que ha surgido tras ella es la ideología del Hombre Fuerte con tintes mesiánicos, tal como Hugo Chávez y Evo Morales. Lamentablemente muchas veces este proceso ocurre en un contexto donde toma relevancia la otra base de sustentación del poder, la represión.

Luis E. Cornejo B.

lunes, 31 de agosto de 2009

LOS MAPUCHES Y SERGIO VILLALOBOS

Como ya es común, en la edición de este domingo del diario El Mercurio (30/08/09), el historiador y Premio Nacional de Historia Sergio Villalobos intenta argumentar que las exigencias culturales y territoriales mapuches carecen de respaldo histórico. Entre sus argumentos destaca que los actuales descendientes de la etnia que habitaba el sur de Chile en el momento de la llegada de los conquistadores europeos, se encuentran muy mestizados, la mayor parte de ellos vive en las grandes ciudades y no tienen mucha conexión cultural con la tradición Mapuche.

Esta argumentación rebela el total desconocimiento de este historiador de las complejidades sociales, ideológicas y culturales involucrados en la conformación de una etnia. Desde un punto de vista biológico, la mayor parte de las etnias no son genéticamente pura, sino que producto de un largo proceso de mestizaje que va modificando permanentemente su acervo biológico. En todo caso, ante la carencia de estudios genéticos extensivos, basta con recorrer el territorio mapuche para reconocer en un parte importante de sus habitantes el fenotipo indoamericano. A la vez, es evidente desde cualquier punto de vista que no se puede esperar que la cultura y forma de vida de la actual etnia mapuche sea la misma que hace cinco siglos, después de un largo proceso en que fueron anexados a la fuerza al estado chileno, puestos en una situación de marginación social y económica y objetos de una fuerte represión sobre los aspectos básicos de su cultura (lengua, religión, organización social, etc.).

El complejo proceso histórico que ha llevado a la actual situación de los grupos indígenas, sin duda está marcado por dos posiciones básicas; por un lado la Nación chilena, mestiza pero dirigida por una elite europeizada, que ha ocupado permanente la posición de dominio y, por otro lado, las etnias indígenas que permanentemente han sido dominadas. Esta inequidad debe ser resuelta por el Estado, logrando un proceso, que sin pretender volver al pasado, siente las bases para la adecuada reparación de las injusticias que el mismo Estado avaló durante un largo tiempo.

Sin duda, la posición de Sergio Villalobos, más que una opinión “objetiva”, corresponde a una posición ideológica sobre la constitución de la Nación chilena, en la cual se niega la diversidad cultural, muy al estilo de los conceptos propuesto en el corazón de la Dictadura Militar que asoló Chile entre 1973 y 1990. Otras implicaciones, más bien políticas y de esferas de poder económico son obvias, especialmente considerando la permanente tribuna que ha dado El Mercurio a este historiador.

Luis E. Cornejo B.
Arqueologo

lunes, 24 de agosto de 2009

ASESINATO DEL COMUNERO MAPUCHE JAIME MENDOZA COLLÍO


DECLARACIÓN PÚBLICA DE RECHAZO AL ASESINATO
DEL COMUNERO MAPUCHE JAIME MENDOZA COLLÍO


Los arqueólogos titulados y licenciados que suscribimos esta carta, queremos manifestar nuestro profundo rechazo al asesinato cometido en contra de Jaime Mendoza Collío, el pasado miércoles 12 de agosto del presente año. Nos sumamos a las declaraciones efectuadas por la sociedad civil, comunidades mapuche, determinados gremios y colegios profesionales, expresando nuestro dolor y preocupación por una situación inaceptable e insostenible por más tiempo.

Por esencia nuestra disciplina se enfoca al estudio del legado material de las culturales ancestrales, pero no por eso nos cegaremos y callaremos ante el actual suceso que ha afectado a la familia y comunidad de Jaime Mendoza Collío y al pueblo mapuche en general, heredero directo de los primeros habitantes de las tierras australes de Chile.

No sólo nuestro deber ético y moral nos motiva a solidarizar con la cultura mapuche, su dolor y su reivindicación; son los valores propiamente humanitarios, que como cientistas sociales nos guían hacia el repudio de otra muerte por la espalda, de quien expresara su pensamiento y actuara en defensa de sus derechos, ante la falta de respuesta a sus antiguas demandas.

También nos preocupa la manipulación pública que ejercen algunos medios de comunicación, acerca del sentido y desarrollo del proceso de reivindicación mapuche, etiquetado de conflicto y por ende, descontextualizado de los reales procesos de exigencias y negociaciones. El uso de las armas solamente ha perjudicado a valientes representantes del pueblo mapuche, por lo que consideramos que las intervenciones armadas por parte de instituciones del Estado y activistas que no se encuentran vinculados sanguínea y culturalmente a las comunidades mapuche, corresponden a atentados y circunstancias provocadas con el fin de agudizar el mal denominado conflicto. Hacemos un llamado a observar la realidad a partir de su larga duración y no sólo en la inmediatez que la desvirtúa, considerando que las exigencias mapuche corresponden a un largo proceso que aún perdura desde momentos históricos y del cual escasamente se ha obtenido beneficios, dada la falta de voluntad de parte de la población, instituciones y políticos chilenos.

Esperamos que este 15 de septiembre la Presidenta de la República, Dra. Michelle Bachellet, inste a las instituciones encargadas de la seguridad nacional, a la no utilización de armamento frente a manifestaciones que involucren a representantes de las culturas ancestrales de nuestro país.

Extendemos nuestro más profundo pésame a la familia de Jaime Mendoza Collío.

20 de agosto de 2009

Suscriben esta carta:

- Doina Lilyan Munita Pavel. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Carlos Rodrigo Mera Moreno. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- José Miguel Ramírez Aliaga. Arqueólogo.
- Rodrigo Eduardo Sánchez Romero. Magíster en Arqueología.
- María Andrea Ponce Laval. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Carmen Gloria Olivos Herreros. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Rayen Ximena Navarro Harris. Arqueóloga.
- María Victoria Castro Rojas. Arqueóloga.
- Andrea González Ramírez. Master en Arqueología prehistórica.
- Gabriela Andrea Urízar Olate. Lic. Antropología mención Arqueología. Dr.© historia América.
- Álvaro Luis Romero Guevara. Arqueólogo.
- Luciana Quiroz. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Boris David Santander Pizarro. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Gonzalo Pimentel G. Magíster en Arqueología.
- Francisco Javier Rivera Amaro. Arqueólogo.
- Andrea Seelenfreund. Arqueóloga.
- Paola González. Arqueóloga.
- Soledad Donoso Yulis. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Rolando Ajata. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Mónica Bahamondes E. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Karen Coles Herlitz. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Flora Vilches. Arqueóloga.
- Rubén Stehberg. Arqueólogo.
- Diego Carabias. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Marco Pontilla Mansilla.Arqueólogo
- Nuriluz Hermosilla Osorio. Arqueóloga.
- Ángela Peñaloza. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Álvaro Reyes. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Francisca Fernández. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Álvaro Olguín Palma. Licenciado en Antropología.
- Patricia Thielemann. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Héctor González Cortez. Departamento Antropología UTA.
- Gabriela Carmona Sciaraffia. Arqueóloga. Master en Arqueología y patrimonio.
- Cristina Prieto Olavarría. Arqueóloga
- Carole Sinclaire A. Arqueóloga.
- Lorena Arancibia Acosta. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Rafael Labarca Encina. Arqueólogo
- José Berenguer. Arqueólogo.
- Ricardo Moyano. Arqueólogo
- Ángel Cabeza Monteira. Arqueólogo.
- Carlos Carrasco. Arqueólogo.
- Verónica Baeza. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Indira Montt. Arqueólogo.
- Renato Sepúlveda Morales. Arqueólogo.
- Charles Garceau S. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Carlos González G. Arqueólogo.
- Joaquín Vega. Arqueólogo.
- José Francisco Blanco. Arqueólogo.
- Mario Henríquez Urzúa. Arqueólogo.
- Fernanda Kalazich R. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Carolina Belmar. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Felipe Vargas Faulbaum. Licenciado en Arqueología.
- Valentina Varas Hurtado. Licenciada en Arqueología.
- Andrea Matínez Carrasco. Licenciada en Arqueología.
- Valentina Trejo Vidal. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Alejandra Didier P. Arqueóloga.
- César Méndez Melgar. Arqueólogo.
- Amalis Nuevo Delaunay. Arqueóloga.
- Viviana Ambos. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Patricio Aguilera Castro. Licenciado en Arqueología.
- Daniela Baudet Colli. Licenciada en Arqueología.
- Pilar Rivas Hurtado. Arqueóloga.
- Pablo Mendez-Quirós Aranda. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Arturo Sáez Sepúlveda. Licenciado en Antropología con mención en Antropología física.
- Camila Arancibia Elorza. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Nicolás Lira S. Arqueólogo.
- Marcela Sepúlveda. Arqueóloga.
- Leonor Isabel Adán Alfaro. Arqueóloga.
- María José Fernández. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Andrés Troncoso. Arqueólogo.
- Pilar Castro Arenas. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Simón Urbina Araya. Arqueólogo.
- Claudia Solervicens. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Jimena Torres. Arqueóloga.
- José Castelleti Dellepiane. Arqueólogo.
- Francisco Garrido Escobar. Arqueólogo y Licenciado en Antropología social.
- Catherine Westfall. Arqueóloga.
- Mauricio Massone. Arqueólogo.
- Susana Nahoe. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Yerko Araneda. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Slabik Yakuba. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Daniel Pavlovic. Arqueólogo.
- María José Gallego Mingo. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Juanita Baeza. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Víctor Bustos. Arqueólogo.
- Manuel Arroyo. Arqueólogo.

- Darío Aguilera. Arqueólogo.
- Jorge Rodríguez. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.