sábado, 30 de noviembre de 2019

CONSTRUYENDO UNA ASAMBLEA (CONVENCIÓN) CONSTITUYENTE REPRESENTATIVA


El reto a que se enfrenta Chile hoy es construir una asamblea constituyente realmente representativa de toda su población, lo que de hecho esta en la base misma de la noción de Democracia Representativa. La propuesta que hasta ahora se ha barajado es que se utilice el mismo sistema con que se eligen los parlamentarios(as) del Congreso Nacional. En este sistema la representatividad está constituida por una relación de dos variables, las divisiones administrativas del Estado (regiones y provincias) y la cantidad de población que en ellas habita, asignándose a las distintas combinaciones de dichas variables o distritos una cantidad de representantes que deberán ser votados en cada uno de ellos.

No obstante, es posible cuestionar este sistema de representatividad básicamente porque asume que las dos variables utilizadas para construir los distritos agotan la diversidad que debiera estar presente en cualquier cuerpo que pretende ejercer la representación democrática. Obviamente, la cantidad de personas dentro de cada distrito es un requisito básico de proporción necesaria para la representatividad, mientras que la división por regiones y provincias efectivamente pueden representar los distintos ethos culturales presentes a lo largo del país. No obstante, estas dos variables oscurecen otras características de la población evidentemente necesarias de considerar para representar cabalmente a los y las chilenas.

De esta manera, es difícil asegurar que la forma de elección de Parlamentarios pueda producir una verdadera representatividad, existiendo una serie de sesgos que es necesario corregir para lograr el objetivo básico que quienes redacten nuestra nueva carta fundamental encarnen realmente la diversidad del país.

El primer sesgo es el de género, ya que un cuerpo legislativo debiera considerar adecuadamente la proporción de hombres y mujer, de manera tal que los elegidos debieran ser 51% de mujeres y un 49% de hombres. Esto sin considerar la necesidad que el Estado reconozca legalmente y con plenitud de derechos la existencia de otros géneros que hoy necesitarían ser representados. En los últimos años se ha hecho un intento de corrección, pero sólo se consideró que debía haber al menos un 40% de candidatas mujeres, lo que fue subvertido por los partidos políticos presentando mujeres principalmente en aquellos distritos donde no tenían mucha posibilidad de ser elegidas. Esta treta patriarcal de los partidos determinó que hoy en el Senado solo hay un 26,1% de mujeres y en la cámara de Diputados solo un 22,6%.

Un segundo sesgo tiene que ver con la edad de los chilenos, ya que mientras el 37,7 % de la población se encuentra entre los 15 y 40 años y el 42,9% son mayores de 40 años, lo que da un promedio de edad para la población entre los 15 y los 80 años cercano a 35 años. Pese esta realidad, en 2018 la edad promedio en el senado era de 56 años y en la cámara de diputados de 46 años, lo que significa que existe un desfase de al menos una década entre los chilenos que podrían tener una posición sobre el rumbo del país y quienes supuestamente los representan.

En tercer lugar, es evidente que si bien existe cierto requerimiento que los representantes al Congreso provengan de los territorios donde viven sus representados, en la práctica muchos de ellos sólo tienen una propiedad en el área de su circunscripción, mientras que su hogar y su origen se encuentra realmente en Santiago, específicamente en el sector oriente de la Capital. Es más, muchos parlamentarios de larga trayectoria han representado en distintos periodos a distritos completamente diferentes. De esta manera, quienes representan a un distrito no lo hacen por medio de su origen como personas, sino que por medio de los cupos que los distintos partidos asignan a sus candidatos dependiendo de sus teóricas posibilidades de ser electos.

Por último, existe un sesgo relativo al origen étnico de quienes forman parte del Congreso. En el censo de 2017 un total de 2.185.792 personas se autoidentificaron como parte de alguno de los pueblos indígenas legalmente reconocidos, es decir un 12,8% de la población del país. Evidentemente esta proporción no está representada en el congreso, donde en el Senado solo un 4,6 de sus componentes tiene al menos un apellido de origen indígena (Huenchumilla y Campillay). Por su parte en la cámara de Diputados la situación es mucho más grave ya que sólo hay dos parlamentarios(as) con apellidos indígenas (Nuyado y Alinco), lo que representa sólo el 1,3 %. Sin embargo, otros orígenes étnicos que componen la población chilena, además del español, provenientes del norte y centro de Europa o del Medio Oriente, están altamente representados en ambas cámaras, muy probablemente mucho más allá de el porcentaje de la población que representan.

En consecuencia, se podría considerar que el sistema de elecciones que utilizamos en Chile para elegir a los parlamentarios, así como probablemente en muchos otros países, realmente no es representativo, sino que esta sesgado hacia los hombres, mayores de 40 años, provenientes de Santiago y de origen étnico mestizo español o no americano. Es evidente entonces que para construir una asamblea constituyente que redacte un nuevo pacto social es necesario tener un sistema de elecciones de sus miembros que sea realmente representativo de la población chilena, el cual corrija al menos los sesgos que aquí hemos detallado. Esto obviamente requeriría para la importante elección que los chilenos haremos el próximo año un nuevo sistema de elecciones, el cual construya distritos a lo largo del país que permitan asegurar una representación proporcional de géneros y edades, exigiendo que todos los candidatos hayan al menos cursado su enseñanza básica y media en los distritos que pretenden representar y construyendo distritos especiales en territorios con mayorías indígenas donde sólo se puedan presentar candidatos indígenas, lo que les permita tener una representación proporcional a su porcentaje.

Es más, es posible pensar que esta forma de entender la representación, que incluye tanto el acto soberano del voto, las diferencias territoriales de los electores y ciertas características básicas de quienes aspiren a ser electos, podría de hecho ser el sistema adecuado para la conformación también del Congreso y de otros cuerpos como los Consejos Municipales.


Luis Cornejo B.
Departamento de Antropología

Universidad Alberto Hurtado

sábado, 27 de julio de 2019

Chile un sistema post-feudal



 En una rápida revisión de las características principales que debiera tener un sistema capitalista, el cual supuestamente es él eje de la sociedad chilena, se pueden reconocer las siguientes:

1)    La propiedad privada de los medios de producción
2)     La acumulación de riqueza como principal objetivo
3)     Define clases sociales especificas
4)     Permite la movilidad social
5)     Se centra en la libertad de empresa y de asociación
6)     El libre mercado
7)     Mercado regulado por la oferta y la demanda
8)     Promueve la competencia
9)     Reconoce la libertad de trabajo
10)  La mínima intervención del Estado

A partir de este listado es posible analizar cuales de ellas se cumplen en Chile. Las primeras tres, la propiedad privada, la acumulación de riqueza y clases sociales definidas, sin duda se cumplen. De hecho, Chile es uno de los pocos países del mundo que tiene privatizado donde servicios básicos como el trasporte público o bienes esenciales como el agua, son considerados un medio de producción en manos de privados. Lo mismo ocurre con la décima característica definida, ya que el Estado Chileno casi no tiene injerencia en los medios de producción y, a la vez, prácticamente no tiene atribuciones o recursos para fiscalizar las actividades de los privados. En la misma línea, el sistema promueve la definición detallada de las clases sociales, lo que lleva incluso a guetos donde cada clases reside, estudia o pasa su tiempo libre.  

Sin embargo, las otras características listadas las cuales no son cumplidas por el sistema chileno o, al menos, existen muchas limitaciones.

La movilidad social, si bien no existe una medida expresa para evitarla y hay un porcentaje de personas que pueden acceder a mejores condiciones económicas que las que tenían sus padres, alcanzar la parte más alta de escalafón social es una tarea casi imposible, existiendo varias practicas sociales que promueven que el poder económico se mantenga dentro de la misma clase. Los directorios de empresas o los cargos de altas gerencias son asignados a personas de familias conocidas o entre excompañeros de colegio.  

La libertad de empresa y la libre asociación para acometer proyectos productivos efectivamente existe, pero esta sólo en manos de los que ya detentan el capital, que tienen el acceso privilegiado al crédito y los contactos necesarios para gestionarlos.

El libre mercado, su regulación por la oferta y la demanda y la libre competencia, algunos de los estandartes principales del sistema capitalista, son constantemente asediados por la colusión entre las empresas de distintos rubros para ponerse de acuerdo en precios y cuotas de producción, operando tal como carteles de narcotráfico cuyos miembros se conocen desde que estaban en el colegio. A la vez, el sistema ha desarrollado un control sobre la demanda que se basa en la publicidad, muchas veces engañosa, desplegada en todos los medios de comunicación pública posibles, muchas veces generando demandas que no están relacionadas con reales necesidades.
Por último, si bien se reconoce la libertad de trabajo, esto nuevamente es delimitado por el origen de las personas, que como dijimos se anida en guetos geográficos y de relaciones sociales. De esta manera, existe libertad de trabajo, pero sólo dentro de ciertas posibilidades que el sistema de guetos permite.

De esta manera es evidente que Chile no es un país capitalista o, más bien dicho, todas las opciones que este sistema ofrece sólo están disponibles para una clase social, cuestión que asemeja al sistema chileno al feudalismo. En este sistema, teóricamente extinto, también existía la definición de clases sociales estancas, con escasas posibilidades de movilidad social, donde la riqueza era acumulada por los mismos, existía un compromiso de obediencia y trabajo entre vasallos y nobles, que hoy sería entre trabajadores y empleadores, y, además, así como en el Chile la iglesia tenía un gran poder dentro del orden social.   

Así se podría pensar que realmente Chile es un país post-feudal, pero en ningún caso un país capitalista.

Luis E. Cornejo B.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Satyagraha y el movimiento social en Chile


En 1906 Gandhi desarrolló el concepto de Satyagraha como herramienta en sus luchas políticas contra los poderes coloniales en Sudáfrica y la India. Esta idea, fundada en conceptos propios del hinduismo, pero también de otras fuentes de pensamiento occidentales y orientales, básicamente se centra en la construcción de mecanismos de lucha contra un poder político abrumadoramente superior por medios no violentos. Basta ver la historia de para apreciar lo exitoso de su propuesta.

Más allá de su trasfondo que hace del pacifismo una forma de vida, es evidente lo estratégicamente adecuada de Satyagraha, ya que recurrir a medios de lucha violentos  para terminar con el colonialismo muy probablemente no tuvieran tenido el éxito en el mediano plazo, acumulando además un altísimo costo en vidas humanas y en el desarrollo cultural para la India. Es imposible no acordar que además de un hombre espiritual, Gandhi fue un gran estratega.

Hoy en Chile parece que algo podemos aprender de Gandhi, el estratega.

En estos momentos una parte importante de los Chilenos, fervorosamente motivados por los jóvenes, piensa que necesarios hacer una serie de cambios en nuestra sistema político, social y económico. No obstante estas aspiraciones se ven enfrentadas al poder de un sistema de político diseñado para evitar cambios significativos en la estructura rectora de la vida en este país. Tenemos entonces por un lado las demandas por modificar nuestras condiciones de vida y, por otro, un poder abrumador no dispuesto a hacer estos cambios. Ciertamente hoy y aquí ese poder no es una fuerza militar colonialista, dispuesta a disparar muy fácilmente, pero el resultado es el mismo, un poder fuertemente armado con el imperio de la ley y la complacencia de una clase política autopoiética que se han entronizado las últimas décadas.

En esta situación es evidente para muchos, especialmente para los más jóvenes, que se debe lucha contra el poder, ya que se hace evidente que este por si mismo no hará los cambios que a todas luces parecen necesarios. No obstante, parece también evidente que esa lucha ha seguido un camino ambiguo entre la movilización pacifica y el uso de la violencia en contra de iconos del poder y todo aquello que pueda ser carbonizado.

Es aquí donde las enseñanzas Satyagraha adquieren relevancia, ya que sólo la lucha basada en la no-violencia es realmente la única vía de enfrentar este poder, cuya principales armas son la legalidad y la falsa sensación de bienestar del modelo en que vivimos. Estas dos armas solo pueden ser contrarrestadas eficientemente por medio de convocar a la mayoría de los chilenos a apoyar un cambio político, convocatoria que debe considerar que precisamente la señalada apariencia de bienestar en que vivimos, es completamente reactiva a la violencia.

De hecho, cabe preguntarse cual él es el imaginario de aquellos que esperan detonar cambios por medio de la lucha violenta. Es dable preguntarse si asumen que encapucharse, quemar bienes públicos o privados o enfrentarse a piedrazos con la fuerza pública derrocará al poder. Más aún parece evidente que sus precarios medios de lucha son tolerados por el poder, ya que Carabineros, una fuerza militarizada, y los medios de inteligencia efectivamente podrían dar cuenta de ellos sin grandes esfuerzos. La ilusión de la piedra, el casco de obrero y bombas incendiarias de bajo poder ya la vivimos hacia finales del gobierno de presidente Allende, cuando los partidos de izquierda de la época se preparaban con estos mismos medios precarios para defender al gobierno. Obviamente, al golpe militar dejo claro que eso no eran más que juegos afiebrados.

A todas luces parece claro que hoy la protesta violenta es aprobada por el poder, ya que es la mejor contramedida que tienen contra aquellos que aspiran a dar un nuevo rumbo a las cosas. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que después de cada movilización callejera los medios de comunicación se centran en los desmanes, autobuses quemados o el número de personas vestidas de negro detenidas, construyendo una imagen del caos que saldrá de los cambios que los movilizados estas proponiendo.

Gandhi y su Satyagraha lograron cambiar profundamente la historia de uno de los países más poblados del mundo. Su estrategia señala un camino que hoy en Chile puede efectivamente convocar a la nación hacia un nuevo sistema político, social y económico.

Luis E. Cornejo B.

martes, 8 de mayo de 2012

CHILE FEDERAL


“al dividir una marraqueta en dos no se obtiene dos marraquetas,
sino que sólo dos pedazos…”


En los últimos tiempos ha tomado fuerza la idea que es necesario incrementar la autonomía de las regiones. Algunas modificaciones legales caminan hacia allá, por ejemplo la Ley de Monumentos Nacionales, e incluso hace unos días un político proponía en televisión un Chile Federal.

Por supuesto que esto es una idea atractiva en regiones y seguramente tendrá el respaldo de aquellos que necesitan esos votos.

Hay algunas razones a que a mi juicio hacen que esta idea sea una mala idea. Para construir una nación con regiones autónomas es necesario que los flujos de la riqueza circulen en patrones diferenciados regionalmente, cuando lo que realmente ocurre es que en Chile el flujo de la riqueza fluye hacia Santiago o, más bien dicho, hacia la parte alta de Santiago. Por otro lado, la distribución de los profesionales en Chile esta altamente concentrada en Santiago, lo que hace que en algunas regiones no existan profesionales capacitados para generar criterios en la toma de decisiones.

Estas condiciones eventualmente podrían alterarse generando las condiciones como para alterar estos patrones, aunque es muy probable que en un estado democrático esto no se logre, ya que implicaría necesariamente mover personas a regiones, algo así como los mitimaes Inka.

No obstante hay otra condicionante más estructural que a mi juicio es aún más importante. Chile tiene un tamaño y una cantidad de poblaciones que no alcanza a formar una masa critica como para que las decisiones tomadas regionalmente tengan un alcance únicamente regional. Un buen ejemplo de esto es la discusión existente sobre el Mall de Castro, donde las autoridades municipales, en incluso una parte importante de la población de la ciudad, apoyan esta construcción pese a que muchos otros chilenos piensan que atenta contra un patrimonio que les es propio también.

Lo anterior no quiere decir que el Estado no tenga una deuda con las regiones, pero esa es la misma deuda que el Estado tiene con aquellos que viven en los barrios populares de Santiago. Esa deuda básicamente se debe a que en esencia del Estado en Chile tiene por función proteger a los flujos de la riqueza y a quienes están a ellos asociados. De esta manera, entonces lo que se requiere para que las regiones se desarrollen adecuadamente es reconstruir el Estado, dándole la fuerza y las capacidades para preocuparse de toda la población, sea que esta viva en rio Jorquera, un apartado valle de la cordillera de la III región, o en la comuna capitalina de La Pintana.


Luis E. Cornejo B.

jueves, 22 de marzo de 2012

CHILE…UN PAÍS REMEDO

En un recorrido meditado por el centro de Santiago es posible advertir una cosa siniestra. Los chilenos no son individuos, solo son remedos de algo. Las mujeres son imitaciones de una imagen proyectada por las pantallas de la televisión o los catálogos de las multitiendas. Los hombres por su parte aparentan ser jugadores de futbol, visten poleras con el nombre de algunos o tenidas deportivas para fuera de cancha. El individuo chileno se desgrana en la maquina del mercado. Pierde entereza, sustancia y se convierte en una mala copia de un modelo elaborado por leyes de la mercadería y el merchandising que tienen vida propia…una vida no humana.

lunes, 1 de agosto de 2011

El rally Dakar destruye nuestro desierto y su patrimonio arqueológico

El desierto de Atacama alberga una parte importante de la historia cultural de Chile. Recientes investigaciones en la Pampa (Qba. Mani) descubrieron sutiles evidencias de los primeros Chilenos que aquí habitaron hace más de 14 mil años. Está surcada por antiguos huellas que unían a los pueblos desde el altiplano a la costa y que todavía se utilizaron durante el auge salitrero, cuyas instalaciones dispersas por la pampa nos hablan de la formación del Chile del siglo XIX.

Toda esta riqueza, no obstante, está siendo destruida de manera masiva por una actividad que, si bien en teoría podría tener algunos beneficios económicos por medio del turismo, destruye un importante archivo de nuestra historia. La huella dejada por los competidores en el 2011 se extiende en nuestro país por cerca de 2439 km y, aunque considerando que una parte de ella trascurre por caminos existentes, es factible estimar que la superficie impactada podría ser equivalente a unas 15.000 hectáreas1, es decir unas tres veces las represas de HidroAysen. En la competencia del 2011, el Consejo de Monumentos Nacionales informó que se afectó en distinto grado cerca del 45 % de los sitios arqueológicos que habían sido identificados en la ruta, pese a la implementación de algunas medidas para protegerlos.

Es indiscutible que es completamente equivocada la política estatal que ha favorecido desde las más altas autoridades esta empresa. De hecho, el Estado paga una importante para que se realice en Chile este seudo-deporte, una actividad de elite y muy alejada de las nociones modernas de desarrollo sustentable, protección de medioambiente y patrocino del desarrollo cultural local. Dicho de otra manera, el estado está pagando para que destruyan nuestro patrimonio arqueológico y la riqueza escénica del desierto, dos de los valores que Chile mejor puede promocionar para atraer permanente a turistas a nuestro desierto.

Luis E. Cornejo B.
Arqueólogo

Ver el informe del CMN

miércoles, 27 de julio de 2011

CAPITALISMO ANTROPÓFAGO

En los últimos años Chile ha exhibido cifras macroeconómicas que tiene satisfechos a muchos. En términos de crecimiento le país pareciera que se acerca a aquellos países definidos como Desarrollados. No obstante, a la luz de recientes acontecimientos en el mundo de Comercio, es necesario preguntarse cómo se ha erigido ese crecimiento. Si bien una parte de esas cifras proviene de actividades productivas (industria manufacturera, agricultura, etc.), otra parte proviene del comercio, la prestación de servicios y la banca, actividades donde las prácticas abusivas se han empezado a hacer cada día más evidentes.

Desde repactaciones sin consentimiento, pasando por créditos con intereses usureros, carreras universitarias sin campo laboral o “ajustes de sencillo”, demuestran con claridad que todas esas industrias tiene una base en la obtención de ganancias ilegitimas, ganancias que exprimen el esfuerzo de las personas, exprimen su energía trasformada en dinero por medio del trabajo asalariado. A la vez, una parte importante de estas industrias explotan a sus trabajadores, imponiendo jornadas de trabajo extenuantes, impidiendo la organización sindical o, simplemente, no respetando el derecho a la silla.

De esta manera, es posible pensar que un porcentaje, por ahora difícil de evaluar, del tan aclamado crecimiento de la economía chilena proviene de la obtención ilegitima de ganancias. Esto ocurre en el concierto de una ideología capitalista en la cual la única meta es maximizar las ganancias, en el marco de un Capitalismo Antropófago que se alimenta de los ciudadanos comunes.

Ciertamente que esto en gran medida se debe a que esta Ideología ha permeado al Estado, ya que si bien en muchos casos existen leyes que definen lo que es legítimo, el mismo Estado no se ha dotado de los instrumentos, personal ni recursos para fiscalizar el cumplimento de las leyes y proteger a sus ciudadanos. En el siglo XVII Thomas Hobbes propuso que pese a que “el Hombre es el Lobo del Hombre” tiende a ser racional y darse un orden, los Estados o las Repúblicas, que viene a “…ser un hacinamiento del poder resultante del egoísmo colectivo”. Lamentablemente más de 400 años después, él sigue estando equivocado.

miércoles, 25 de mayo de 2011

MODIFICACIONES A LA LEY DE MONUMENTOS NACIONALES

MODIFICACIONES A LA LEY DE MONUMENTOS NACIONALES


En el reciente contexto en que se planifica un cambio a la Ley de Monumentos Nacionales, la Sociedad Chilena de Arqueología ha quedado de proponer algunos cambios que desde la perspectiva de arqueólogos podemos ofrecer. Reflexionando sobre el tema, me parece que algunas de las siguientes ideas pueden significar un cambio radical en la protección del patrimonio arqueológico.

1) Considerando que de acuerdo a la Ley el patrimonio Arqueológico en su totalidad es propiedad del Estado, creo que una manera de mejorar y agilizar su gestión seria creando un Instituto Chileno de Arqueología y Paleontología. Si el Estado es dueño de algo tan basto como el registro arqueológico y paleontológico, sería razonable que tuviera una institucionalidad especialmente dedicada a él, probablemente dependiente del Ministerio de Cultura o, incluso, del de Bienes Nacionales.

2) Esta Institución tendría al menos tres misiones, dos que ya cumple el CMN y una nueva: 1) Velar por la protección del patrimonio arqueológico (conservación, permisos de intervención, promoción y difusión, etc.), 2) Ser el organismo con competencia ambiental en lo referente a la evaluación de impactos ambientales y 3) Construir un Catastro Nacional del registro arqueológico, con el fin de hacer pública una clasificación del territorio en función a su riqueza arqueológica, sus vulnerabilidad y potenciales. Esto debiera incluir un programa nacional de prospección en terreno.

3) La creación de una glosa especifica en el presupuesto de la Nación para el funcionamiento adecuado de dicha institución, con los montos adecuados para que se puedan cumplir a cabalidad las tres misiones antes definidas.

4) Esta institución debiera mantener el espíritu de complementariedad entre el mundo público y privado que se expresa hoy en el CMN con la participación tanto de funcionarios estatales, como de representantes de instituciones sin fines de lucro del área (la Sociedad Chilena de Arqueología, el Colegio de Arquitectos, etc.). No obstante, creo que participación de personas ad honorem debiera centrase en la formación de políticas, señalando lineamientos generales y, en general, tener una visión de conjunto de los problemas del tema. Esto significa que las decisiones concretas debieran estar a cargo de una planta profesional (…lo que no es otra cosa que sincerar lo que ocurre hoy…) debidamente acreditada y bien remunerada. Esta planta profesional, podría tener entre sus posibilidades recurrir a especialistas del mundo académico y privado en la medida que la especificidad de los temas así lo demanden.

5) La creación de incentivos a particulares que protejan este patrimonio propiedad de Estado. En el caso de las empresas o de los propietarios de los terrenos donde se encuentren sitios, esto podría ser vía descuentos impositivos en relación a lo invertido en la protección de los sitios. Al aplicar esto al SEIA, aquellas empresas que opten por proteger los sitios en vez de impactarlos podrían aplicar esos costos a rebajas impositivas. No impactar, por ejemplo cambiando el trazado de un camino o ducto, podría señalarse como un costo de protección.

6) Crear un sistema de acreditación de profesionales arqueólogos, el permitiría entregar a los investigadores a los cuales se les ha otorgado permisos relacionados con el EIA una mayor capacidad de tomar decisiones propias y disminuir los pasos de aprobación de los estudios. Este sistema de acreditación debiera asegurar que los profesionales cumplan cabalmente con la necesidad de proteger el Patrimonio Arqueológico de propiedad estatal. Se debiera hacer periódicas evaluaciones de quienes están acreditados, existiendo la posibilidad de perder la acreditación. Por otra parte, los informes de aquellos profesionales no acreditados estarían sujetos a un mayor proceso de control y de decisiones por parte de la autoridad. Esto no es nuevo y en muchas profesiones hay certificaciones hechas por las autoridades.

7) En su función de protección del patrimonio arqueológico, este Instituto Chileno de Arqueología debiera ser quien lleva a cabo la Evaluación del Impacto Ambiental, cargando los costos de dicho trabajo a las empresas o particulares que presenten los proyectos. Con estos recursos este Instituto licitaría los estudios concretos entre profesionales arqueólogos. Sin duda una modificación como esta no tiene mucho futuro en la actual ideología sobre el Estado, pero a mí personalmente me parece que es la manera en que el propietario de los bienes arqueológicos, el Estado, debiera actuar en la protección de sus intereses y no trasferir esa responsabilidad a privados que llevan a cabo proyectos que generan el impacto ambiental.


Luis E. Cornejo B.
Arqueólogo

domingo, 3 de abril de 2011

¿PORQUE ES PATRIMONIO EL PATRIMONIO?

Durante la semana pasada se realizó en Iquique la I Reunión Técnica Iglesias del Altiplano organizada por el CMN y el MOP la que se enfocó en discutir las relaciones entre la puesta en valor de las iglesias patrimoniales de las I, II y XV regiones y el rescate y preservación del patrimonio arqueológico que en ellas se encuentra. En ese contexto se hizo evidente que es necesario avanzar en comprender más claramente porque dichos monumentos históricos y arqueológicos son efectivamente un Patrimonio de la Nación, más allá de hecho evidente que en Chile la ley define por que todo lo arqueológico es Patrimonio del Estado.

Para todos parece obvio que evidencias de cultura material de pasado, ya sean iglesias, sitios arqueológicos o colecciones en museos, son Patrimonio en la medida que son bienes de los cuales es posible obtener algún provecho económico. Estos monumentos suelen ser una atracción para el público, ya sea por razones educativas, de goce estético o simplemente de esparcimiento, por la cual pueden ser incorporados dentro de circuitos turísticos y convertirse en un factor de desarrollo. De esta manera el Patrimonio es tal en la medida que tiene un valor posible de transar. Hoy es evidente que para el Estado ésta es la concepción del Patrimonio que parece más significativa, lo que es evidente en las decisiones de inversión en la restauración y puesta en valor de Monumentos, donde la principal características de dichos Monumentos es que tengan una rentabilidad.

En un plano más complejo el Patrimonio es reconocido como un factor de identidad cultural. Los Monumentos son parte del entorno cultural en que los individuos de una sociedad se crían, es uno de los elementos que dibujan el escenario donde se forma el habitus y, por lo tanto, es Patrimonio en la medida en que es constituyente de la propiedad cultural de las personas. Este valor patrimonial en tal vez menos universalmente reconocido en Chile, especialmente cuando se trata de monumentos de origen no europeo, ya sea precolombino o indígena. En la ideología dominante en Chile evidentemente es parte de la identidad de un habitante de Santiago lugares como la iglesia de San Francisco o el Museo de Bellas Artes, pero tal vez no el pukara de Chena la cueva de Piuquenes. En algunas regiones, sin embargo, los Monumentos arqueológicos sí son claramente reconocidos como un Patrimonio en este sentido, especialmente en el Norte Grande, donde geoglifos, arte rupestre o pukaras probablemente sí están incrustados en la cultura de sus habitantes. Rapa Nui en este sentido es obviamente una realidad a parte.

Por último existe una concepción del Patrimonio escasamente reconocida a nivel público o de las políticas estatales. Este nivel tiene que ver exclusivamente con el conocimiento científico sobre el pasado, cuestión que al contrario de lo que muchos piensan no es una cuestión de interés únicamente de arqueólogos o historiadores. Esto se relaciona con eventos ocurridos a finales del siglo XIX cuando Marx, Darwin y otros pensadores cambiaron la fuente para nutrir la discusión sobre la condición humana, desde la filosofía y la religión a la historia. De esta manera, detrás del aparente sinsentido de la acumulación de conocimiento científico sobre la historia y la prehistoria está una de las bases para pensar y discutir la condición en que los humanos vivimos en el presente y, de este modo, construir una utopía para el futuro. En esta visión, la cultura material del pasado es Patrimonio en la medida que a partir de ella podemos intentar comprender situaciones sociales distintas a las actuales, ya sean porque el registro escrito, con fuerte tendencia a ser una versión oficial, lo ha ignorado o simplemente porque han desaparecido. En esta línea, el registro arqueológico es Patrimonio porque es la única manera de acceder a formas de vida social actualmente imposibles de aprender por otros medios y que nos brindan un inmejorable medio de contraste para nuestra propia existencia. Los seres humanos somos historia y no es un simple eslogan el hecho que la única manera de avanzar es mirar hacia atrás.

Luis E. Cornejo B.
03 Abril 2011

sábado, 4 de septiembre de 2010

CIVILIZACIÓN Y CATÁSTROFE

Nuestro planeta se encuentra en perpetua mutación, pese a lo cual los humanos lo percibimos como un sistema inmutable. Preferimos ignorar que inevitablemente las condiciones que permiten nuestro actual modo de vida son sólo pasajeras. La tierra tendrá otra Era del Hielo y lo que llamamos “tierra firme” se seguirá moviendo, a ratos con mucha fuerza. Nuestra psiquis funciona mejor si construimos nuestra vida en torno a la estabilidad.

En este contexto cabe preguntarse si el comportamiento más violento de la naturaleza siempre ha desembocado en catástrofes capaces de afectar seriamente el rumbo de la sociedad, algo que estuvo cerca de pasar en las regiones de nuestro país más afectadas por el reciente terremoto y maremoto. Ciertamente que hay algunos hechos naturales que nos afectarían a todos por igual, como los mediáticamente llamados Eventos de Nivel de Extinción, pero la historia demuestra que a lo largo del tiempo las sociedades humanas han sufrido de distinta manera poderosos embates de la naturaleza. En algunos casos han producido una completa desarticulación de la sociedad y, en otros, no ha tenido mayores consecuencias.

Todo parece indicar, por ejemplo, que para los Moche, un poderoso Estado teocrático que durante los primeros siglos de nuestra Era gobernaba una buena parte de la costa norte del Perú, algunos años de un clima dominado por la corriente del Niño, con las consecuentes inundaciones que destruyeron sus campos y sistemas de regadío, llevaron a la caída de su elite gobernante, del orden social por ella impuesto y de la ideología en ese momento imperante. No obstante, los mismos eventos aparentemente no modificaron sustancialmente el orden social de los ancestros de los Changos que poblaban la costa norte de Chile en ese mismo momento, pese a que probablemente los cambios en la disponibilidad de peces y mariscos producto de El Niño seguramente los obligó a cambiar sus estrategias de caza y recolección de estos recursos marinos, base de su subsistencia.

Pareciera entonces que existiría alguna relación entre la complejidad de las sociedades y su capacidad de resistir los embates de la naturaleza. En un mundo pre estatal, donde la sociedad se organizaba localmente, la mayor parte de los recursos eran obtenidos directamente de la naturaleza, casi no existía especialización productiva y muy pocos individuos estaban dedicados a actividades no directamente económicas, terremotos, sequias o inundaciones, si bien probablemente afectarían el curso cotidiano de la vida, muy improbablemente serian capaces de destruir el orden social. No obstante, en sociedad más compleja, como las estatales, donde la organización social es jerarquizada y centralizada, existe una alta especialización productiva y clases sociales enteras no son directamente productivas, basta que se corte uno de los eslabones para que todo el sistema colapse. En el caso del reciente terremoto que afecto a nuestro país, muy probablemente el caos social que se vivió por instantes seguramente en parte se debió a la caída de los sistemas de información centralizados y a la consecuente falta de dirección y control por parte del estado; una situación donde las comunidades locales carecieron de poder social y los individuos actuaron por su cuenta.

Cabe, por último, preguntarse si es posible aprender algo de esta situación. Obviamente, el sólo tamaño de la población actual hace imposible pensar en volver a sistemas de organización social pre estatales, sin embargo sí es posible recoger algunos elementos de ellas que nos preparen mejor para enfrentar la próxima catástrofe. Seguramente que mejorar y potenciar los sistemas de organización local podría brinda una base para que cada comunidad este más preparada para enfrentar eventos catastróficos y reconstruir rápidamente su cotidianidad. Lo mismo ocurriría si las autoridades locales, especialmente municipales y policiales, tuvieran un mayor arraigo local, para convertirse en referentes legitimados frente a una crisis.

domingo, 27 de junio de 2010

ZOMBIS EN SANTIAGO

Era el viernes 25 de junio de 2010. Al finalizar ese día de trabajo salí de mi oficina camino a casa. Rápidamente me di cuenta que algo extraño pasaba, se olía algo extraño en el aire y se escuchaba un gran estruendo. A medida que caminaba hacia la estación del Metro me crucé con los primeros de ellos. Corrían desaforados sin una dirección precisa, emitían sonidos guturales y en algunos casos se abalanzaban sobre carteles, autos u cualquier otro objeto. En un principio pensé que se trataba de algunos ebrios que huían de la policía.

Al rato, no obstante, fue evidente que no era eso. Las calles estaban llenas de basura y restos de objetos. En algunas esquinas había grupos de policía agazapados, pero no estaban intentando contener lo que estaba pasando. Me di cuenta que la cosa era grave cuando llego un grupo de ellos y se abalanzó sobre dos chicas que caminaban en la acera del frente y se pusieron a saltar en torno a ellas emitiendo gruñidos y una especie de canticos incomprensibles. Cuando pensaba que alguien debiera hacer algo por esas chicas, el grupo las dejo y corrió en otra dirección.

Rápidamente me metí en la estación del Metro con el fin de escapar del Centro de la ciudad, que en ese momento pensé que sería el sector más afectado. Sin embargo no era así. En las pantallas de video que había en la estación del metro, vi que lo mismo estaba ocurriendo en todo el país. De hecho al llegar a la próxima estación, se subió en mi carro un grupo de ellos. En ese momento los comencé a mirar con detalle, tenían la cara trastornada, con los ojos desorbitados y cubiertos de sudor. Junto con ellos subió un fuerte olor urticante, que claramente indicaba que habían escapado de un intento de la policía por controlarlos. Afortunadamente, el movimiento del carro pareció calmarlos y sólo de vez en cuando emitían algunos ruidos. Eran hombres y mujeres de todas las edades y de todas las condiciones sociales.

Cuando por fin salí del Metro, me percaté que el caos reinante en la cuidad había interrumpido el servicio de buses comencé a caminar hacia mi casa. Sin darme cuenta de pronto me vi envuelto por una de estas turbas que avanzaba calle arriba. Sin embargo, logré pasar desapercibido y sólo se limitaron a saltar, gritar o provocar pequeños destrozos. Al llegar a una bocacalle, tuve la pista definitiva de que es lo que ocurría; un perro se les acerco labrándoles y gruñendo sin razón evidente. Esto indicaba una sola cosa posible, se trataba de zombis. Los no-muertos se habían apoderado de la ciudad.

Más adelante se sabría que todo se debía a un experimento secreto del gobierno que se había salido de control, cuyo nombre en código era Marea Roja. Un programa de control mental que por medio de la TV pretendía hacer más dóciles a los ciudadanos, pero resultó destruyendo la mayor parte de la sinapsis de una parte importante de la población. Se intentó convocar a algunos científicos para tratar de controlar la situación, pero ya era tarde. El contagio se había extendido en Universidades y Centros de Investigación.

El año 2010 comenzó la primera oleada, el futuro es incierto.


Luis E. cornejo. B.

jueves, 29 de abril de 2010

COMUNA DE PROVIDENCIA: LA ESPERANZA BLANCA

La cultura visual, ya sea la tapa de un libro, los diseños de la ropa o una pintura, nos habla de la ideología de quienes la produjeron. Seleccionar que color utilizar, los diseños aplicados o el gesto de quienes son representados no es una acto arbitrario, sino que una opción guiada por la forma ver el mundo de quien construye dicha obra.

Recientemente, en la ciudad de Santiago he visto perplejos como el anterior enunciado se hace más evidente que nunca. En el territorio de la Comuna de Providencia se ha desplegado una campaña municipal de promoción de la comuna, bajo el lema “Me encanta Providencia”, la que aparece en paletas iluminadas junto a paraderos de microbuses y en diversos lugares estratégicos. Este lema está acompañado con una foto de gran tamaño de una persona que presenta una relajada sonrisa, sobre un fondo blanco que trasmite mucha luz.

En principio esta propaganda no me pareció nada especial, pero al cruzarme con ella en varias calles de esta comuna por donde transito, de pronto emergió un patrón en la selección de las personas utilizadas en las fotos, el cual se puede demostrar por las cosas que dichas personas no son o no tienen:

1) Ninguna tiene la piel morena
2) Ninguna tiene rasgos indígena, africanos, árabes o de cualquier otro grupo racial distinto al europeo
3) Ninguno es crespo
4) Ninguno de los hombres presenta barba

Este patrón, por medio de las personas elegidas, normalmente conocidas dentro de la industria de la publicidad como “modelos”, precisamente trasunta cual es el “modelo” de persona que la Municipalidad de esta comuna define como su ideario de habitante. Pecando de ingenuo, es muy probable que cuando la empresa publicitaria mostró a las autoridades edilicias esta propaganda, a los funcionarios no les pareció extraño que las características arriba reseñadas no estuvieran presentes. En su imaginario únicamente ser blanco de aspecto europeo es aceptable para representar a la población de esta comuna.

La cultura visual es inevitablemente un acto político, un medio de trasmitir un ideario de sociedad y establecer los límites de lo aceptable. De este modo, parece que las autoridades de Providencia revelan un pensamiento racista, tratando simbólicamente de establecer un territorio idealmente “blanco”, en el medio de una ciudad mestiza y morena.


Luis E. Cornejo B.

jueves, 7 de enero de 2010

Impacto del Rally Dakar en Chile

CARTA PUBLICADA POR EL DIARIO ELECTRONICO EL MOSTRADOR
(http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/01/06/el-negativo-impacto-del-dakar-en-el-desierto-chileno/)



Sr. Director:

A pesar del paso del tiempo, las particulares condiciones del Norte Grande han permitido la conservación de significativas evidencias de las ocupaciones humanas que allí se han desarrollado durante más de 10.000 años, tales como las momias chinchorros, aldeas, cementerios, talleres líticos y los restos salitreros.
Entre estas están las huellas troperas: surcos que dejaron en tiempos prehispánicos las caravanas de llamas que conectaron por miles de años los distintos espacios poblados de la zona y durante los siglos XIX y XX, las carretas tiradas por mulas que hicieron posible el funcionamiento de las oficinas salitreras y otros emprendimientos mineros.

Hoy estamos ad portas de que una nueva huella quede marcada, quizás por siglos o milenios, en el desierto.

Pero no será una huella que ayude a comprender como se conectaron los pescadores y recolectores de la costa con los agricultores del Loa y el Salar de Atacama hace 1.500 años o que sea el reflejo de las actividades mineras pretéritas, que generaron un autentico “Paisaje Cultural” hoy reconocido como “patrimonio de la humanidad”.
Durante este mes de enero se desarrollara la etapa chilena del Dakar 2010, una competencia de marcas que recorrerá cientos de kilómetros del desierto, y que, a pesar de los esfuerzos del Consejo de Monumentos Nacionales, impactará evidencias arqueológicas únicas, generadas por nuestros antepasados que habitaron en el espacio más árido del mundo.

La promoción turística de Chile, justificación central para autorizar la competencia, se contrapone con el hecho de que los lugares de Chile más visitados por extranjeros son zonas con ambientes lo más prístinos posibles y ricos en evidencias arqueológicas, sin mucha actividad humana actual.

Por ello consideramos absolutamente injustificada la destrucción del frágil ambiente
desértico y del patrimonio cultural que éste alberga para que Chile aparezca un micro segundo en las cadenas televisivas del mundo y para que algunas empresas obtengan jugosas ganancias

Como Colegio de Arqueólogos de Chile A.G., hacemos un llamado de atención a nuestras autoridades para que no permitan que se genere sin razón una nueva cicatriz en el rostro de nuestro desierto y se destruya nuestro patrimonio cultural.

Daniel Pavlovic, presidente del Colegio de Arqueólogos de Chile A.G.

sábado, 26 de septiembre de 2009

DEBATE PRESIDENCIAL Y LA LEGITIMIDAD DEL PODER

El poder de las autoridades a través de la historia se ha constituido en base a dos ejercicios distintos. Por un lado está su capacidad de ejercer represión sobre quienes viven dentro del territorio que reclaman como parte de su dominio. Esto quiere decir que si vives en un territorio determinado, los que ostentan la autoridad tiene la capacidad de obligarte a aceptar su dominio. Esto se ha logrado por el ejercicio de la fuerza y la coerción. Si yo vivo en Chile debo aceptar el derecho de las autoridades constituidas o si no terminó en la cárcel. No obstante, junto con este poder represivo, las autoridades siempre han necesitado legitimar ideológicamente su dominio y así intentar mantener la lealtad y aceptación de los gobernados. Esto deriva del hecho que gobernar por el sólo ejercicio de la represión no produce estabilidad y garantiza que surjan fuerzas que busquen liberarse de dicha represión.

En este proceso ideológico -esto quiere decir en términos simples un sistema de ideas que intenta hacer parecer “natural” a algo que es esencialmente arbitrario- se ha recurrido al derecho por descendencia, por ejemplo de una figura totémica fundador del linaje, grupo o nación, el derecho por tener una vinculación especial con lo divino en contraposición de la mayoría que no tiene esa facilidad o, más recientemente, aducir ser quienes tienen el real conocimiento de que lo la sociedad necesita para progresar. Hoy en Chile, como en buena parte del mundo occidental, este legitimación proviene de la ideología que las autoridades representan la soberanía popular por medio de Democracia Representativa, razón por la cual todos debemos aceptar el dominio establecido por quienes resulten electos.

El sostenimiento de la ideología dominante requiere de ritos que deben ser desarrollados por los gobernantes periódicamente. Estos deben ser eficientes en mantener a los gobernados convencidos que las ideas acerca del poder son plausibles y, por lo tanto, dispuestos a acatar la situación política existente. A través de la historia estos ritos han incluido sacrificios, fiestas o desfiles militares, pero en el contexto contemporáneo esta ritualidad se ha concentrado en las posibilidades que ofrecen los medios audiovisuales para que la clase política construya un discurso coherente para los gobernados.

Dada esta situación, cabe preguntarse si hoy en Chile la ideología de la democracia representativa es realmente eficiente en legitimar el poder, es decir si el acto democrático se puede apreciar como realmente representativo (esto no quiere decir que sea realmente representativo), cosa que creo que entro en un camino de descredito muy claramente destacado en el primer Debate Presidencial trasmitido por la Televisión Nacional. Es un lugar común decir que la “política se ha alejado de la gente”, pero más allá del cliché es evidente que la actual elite política ha dejado de realizar de manera correcta los ritos comunicacionales y cada vez la gente cree menos en la posibilidad de ser representado. Solo basta ver la edad del padrón electoral para darse cuenta de esto.

Obviamente, si una ideología política deja de ser efectiva, la forma de poder que sustenta será remplazada por otra. De hecho, es América Latina ya has varios casos en que la ideología de la democracia representativa han caído en descredito y lo que ha surgido tras ella es la ideología del Hombre Fuerte con tintes mesiánicos, tal como Hugo Chávez y Evo Morales. Lamentablemente muchas veces este proceso ocurre en un contexto donde toma relevancia la otra base de sustentación del poder, la represión.

Luis E. Cornejo B.

lunes, 31 de agosto de 2009

LOS MAPUCHES Y SERGIO VILLALOBOS

Como ya es común, en la edición de este domingo del diario El Mercurio (30/08/09), el historiador y Premio Nacional de Historia Sergio Villalobos intenta argumentar que las exigencias culturales y territoriales mapuches carecen de respaldo histórico. Entre sus argumentos destaca que los actuales descendientes de la etnia que habitaba el sur de Chile en el momento de la llegada de los conquistadores europeos, se encuentran muy mestizados, la mayor parte de ellos vive en las grandes ciudades y no tienen mucha conexión cultural con la tradición Mapuche.

Esta argumentación rebela el total desconocimiento de este historiador de las complejidades sociales, ideológicas y culturales involucrados en la conformación de una etnia. Desde un punto de vista biológico, la mayor parte de las etnias no son genéticamente pura, sino que producto de un largo proceso de mestizaje que va modificando permanentemente su acervo biológico. En todo caso, ante la carencia de estudios genéticos extensivos, basta con recorrer el territorio mapuche para reconocer en un parte importante de sus habitantes el fenotipo indoamericano. A la vez, es evidente desde cualquier punto de vista que no se puede esperar que la cultura y forma de vida de la actual etnia mapuche sea la misma que hace cinco siglos, después de un largo proceso en que fueron anexados a la fuerza al estado chileno, puestos en una situación de marginación social y económica y objetos de una fuerte represión sobre los aspectos básicos de su cultura (lengua, religión, organización social, etc.).

El complejo proceso histórico que ha llevado a la actual situación de los grupos indígenas, sin duda está marcado por dos posiciones básicas; por un lado la Nación chilena, mestiza pero dirigida por una elite europeizada, que ha ocupado permanente la posición de dominio y, por otro lado, las etnias indígenas que permanentemente han sido dominadas. Esta inequidad debe ser resuelta por el Estado, logrando un proceso, que sin pretender volver al pasado, siente las bases para la adecuada reparación de las injusticias que el mismo Estado avaló durante un largo tiempo.

Sin duda, la posición de Sergio Villalobos, más que una opinión “objetiva”, corresponde a una posición ideológica sobre la constitución de la Nación chilena, en la cual se niega la diversidad cultural, muy al estilo de los conceptos propuesto en el corazón de la Dictadura Militar que asoló Chile entre 1973 y 1990. Otras implicaciones, más bien políticas y de esferas de poder económico son obvias, especialmente considerando la permanente tribuna que ha dado El Mercurio a este historiador.

Luis E. Cornejo B.
Arqueologo

lunes, 24 de agosto de 2009

ASESINATO DEL COMUNERO MAPUCHE JAIME MENDOZA COLLÍO


DECLARACIÓN PÚBLICA DE RECHAZO AL ASESINATO
DEL COMUNERO MAPUCHE JAIME MENDOZA COLLÍO


Los arqueólogos titulados y licenciados que suscribimos esta carta, queremos manifestar nuestro profundo rechazo al asesinato cometido en contra de Jaime Mendoza Collío, el pasado miércoles 12 de agosto del presente año. Nos sumamos a las declaraciones efectuadas por la sociedad civil, comunidades mapuche, determinados gremios y colegios profesionales, expresando nuestro dolor y preocupación por una situación inaceptable e insostenible por más tiempo.

Por esencia nuestra disciplina se enfoca al estudio del legado material de las culturales ancestrales, pero no por eso nos cegaremos y callaremos ante el actual suceso que ha afectado a la familia y comunidad de Jaime Mendoza Collío y al pueblo mapuche en general, heredero directo de los primeros habitantes de las tierras australes de Chile.

No sólo nuestro deber ético y moral nos motiva a solidarizar con la cultura mapuche, su dolor y su reivindicación; son los valores propiamente humanitarios, que como cientistas sociales nos guían hacia el repudio de otra muerte por la espalda, de quien expresara su pensamiento y actuara en defensa de sus derechos, ante la falta de respuesta a sus antiguas demandas.

También nos preocupa la manipulación pública que ejercen algunos medios de comunicación, acerca del sentido y desarrollo del proceso de reivindicación mapuche, etiquetado de conflicto y por ende, descontextualizado de los reales procesos de exigencias y negociaciones. El uso de las armas solamente ha perjudicado a valientes representantes del pueblo mapuche, por lo que consideramos que las intervenciones armadas por parte de instituciones del Estado y activistas que no se encuentran vinculados sanguínea y culturalmente a las comunidades mapuche, corresponden a atentados y circunstancias provocadas con el fin de agudizar el mal denominado conflicto. Hacemos un llamado a observar la realidad a partir de su larga duración y no sólo en la inmediatez que la desvirtúa, considerando que las exigencias mapuche corresponden a un largo proceso que aún perdura desde momentos históricos y del cual escasamente se ha obtenido beneficios, dada la falta de voluntad de parte de la población, instituciones y políticos chilenos.

Esperamos que este 15 de septiembre la Presidenta de la República, Dra. Michelle Bachellet, inste a las instituciones encargadas de la seguridad nacional, a la no utilización de armamento frente a manifestaciones que involucren a representantes de las culturas ancestrales de nuestro país.

Extendemos nuestro más profundo pésame a la familia de Jaime Mendoza Collío.

20 de agosto de 2009

Suscriben esta carta:

- Doina Lilyan Munita Pavel. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Carlos Rodrigo Mera Moreno. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- José Miguel Ramírez Aliaga. Arqueólogo.
- Rodrigo Eduardo Sánchez Romero. Magíster en Arqueología.
- María Andrea Ponce Laval. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Carmen Gloria Olivos Herreros. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Rayen Ximena Navarro Harris. Arqueóloga.
- María Victoria Castro Rojas. Arqueóloga.
- Andrea González Ramírez. Master en Arqueología prehistórica.
- Gabriela Andrea Urízar Olate. Lic. Antropología mención Arqueología. Dr.© historia América.
- Álvaro Luis Romero Guevara. Arqueólogo.
- Luciana Quiroz. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Boris David Santander Pizarro. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Gonzalo Pimentel G. Magíster en Arqueología.
- Francisco Javier Rivera Amaro. Arqueólogo.
- Andrea Seelenfreund. Arqueóloga.
- Paola González. Arqueóloga.
- Soledad Donoso Yulis. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Rolando Ajata. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Mónica Bahamondes E. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Karen Coles Herlitz. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Flora Vilches. Arqueóloga.
- Rubén Stehberg. Arqueólogo.
- Diego Carabias. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Marco Pontilla Mansilla.Arqueólogo
- Nuriluz Hermosilla Osorio. Arqueóloga.
- Ángela Peñaloza. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Álvaro Reyes. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Francisca Fernández. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Álvaro Olguín Palma. Licenciado en Antropología.
- Patricia Thielemann. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Héctor González Cortez. Departamento Antropología UTA.
- Gabriela Carmona Sciaraffia. Arqueóloga. Master en Arqueología y patrimonio.
- Cristina Prieto Olavarría. Arqueóloga
- Carole Sinclaire A. Arqueóloga.
- Lorena Arancibia Acosta. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Rafael Labarca Encina. Arqueólogo
- José Berenguer. Arqueólogo.
- Ricardo Moyano. Arqueólogo
- Ángel Cabeza Monteira. Arqueólogo.
- Carlos Carrasco. Arqueólogo.
- Verónica Baeza. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Indira Montt. Arqueólogo.
- Renato Sepúlveda Morales. Arqueólogo.
- Charles Garceau S. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Carlos González G. Arqueólogo.
- Joaquín Vega. Arqueólogo.
- José Francisco Blanco. Arqueólogo.
- Mario Henríquez Urzúa. Arqueólogo.
- Fernanda Kalazich R. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Carolina Belmar. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Felipe Vargas Faulbaum. Licenciado en Arqueología.
- Valentina Varas Hurtado. Licenciada en Arqueología.
- Andrea Matínez Carrasco. Licenciada en Arqueología.
- Valentina Trejo Vidal. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Alejandra Didier P. Arqueóloga.
- César Méndez Melgar. Arqueólogo.
- Amalis Nuevo Delaunay. Arqueóloga.
- Viviana Ambos. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Patricio Aguilera Castro. Licenciado en Arqueología.
- Daniela Baudet Colli. Licenciada en Arqueología.
- Pilar Rivas Hurtado. Arqueóloga.
- Pablo Mendez-Quirós Aranda. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Arturo Sáez Sepúlveda. Licenciado en Antropología con mención en Antropología física.
- Camila Arancibia Elorza. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Nicolás Lira S. Arqueólogo.
- Marcela Sepúlveda. Arqueóloga.
- Leonor Isabel Adán Alfaro. Arqueóloga.
- María José Fernández. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Andrés Troncoso. Arqueólogo.
- Pilar Castro Arenas. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Simón Urbina Araya. Arqueólogo.
- Claudia Solervicens. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Jimena Torres. Arqueóloga.
- José Castelleti Dellepiane. Arqueólogo.
- Francisco Garrido Escobar. Arqueólogo y Licenciado en Antropología social.
- Catherine Westfall. Arqueóloga.
- Mauricio Massone. Arqueólogo.
- Susana Nahoe. Licenciada en Antropología con mención en Arqueología.
- Yerko Araneda. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Slabik Yakuba. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Daniel Pavlovic. Arqueólogo.
- María José Gallego Mingo. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Juanita Baeza. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.
- Víctor Bustos. Arqueólogo.
- Manuel Arroyo. Arqueólogo.

- Darío Aguilera. Arqueólogo.
- Jorge Rodríguez. Licenciado en Antropología con mención en Arqueología.